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lunes, 10 de diciembre de 2012

NOCHE, CARNE Y PECADO


En esta ciudad blanca, de farolitos coloniales, calles destrozadas y estrechas, tejados mohosientos y en ruinas; cada fin de jornada, al caer la noche, se da inicio a la creación de fisuras y remiendos “inmorales”, la emancipación de carne y pecado afloran en la sociedad morronga que la habita.

Las esquinas y portones de almacenes, se convierten en negocios pasajeros de putas, expendedores de droga y travestis, aquí no cuenta el horario, importa es el cliente, las ganas y el dinero, no discrimina por estatus, ni como trae el cuello.

Esta realidad que avergüenza y es digna de esconderse, que en ocasiones es despiadada y necesaria para muchos, la noche logra hacer buscarla por deseo.


AQUÍ PASA PRIMERO EL QUE SAQUE LA CABEZA.


Aquí, todo marcha a un solo ritmo, este espacio no está provisto de novatos, para moverse  entre las carnes y cuchillos puntiagudos, chorizos y juguetes claustrofóbicos enterrados  en canastas, bultos de papa y naranjas aplastadas, cantidad de ropa suspendida en cielorasos  y perros callejeros, hay que tener talento.

Se necesita más que buen olfato para distinguir sudores, algunos son de ajo o cebolla, otros ni se sabe, se combinan y trasmiten rápidamente entre las personas que se  rozan unas a otras abriéndose un lugar entre tanta multitud, la reglamentación ciudadana entre  formas de moverse esta olvidada.

AQUÍ PASA  PRIMERO  EL QUE SAQUE LA CABEZA.  


LUGAR INHABITADO


La noche: un asadero de pollo con olor a muerto, una  esquina pasarela de putas y ladrones, un lugar pretexto para el  alcohol y sus drogas, un nido hirviente  de basura mal oliente,  el espacio predilecto  de algunos carniceros y sus pieles,  una caravana de rejas y candados, un lugar inhabitado, inexistente ante las cámaras  vigilantes (tal vez averiadas), el  espejo de un callejón oscuro que da origen al  titular matutino de un diario amarillista, el mismo diario que  envuelve un aguacate, que limpia vidrios y  protege porcelanas, hoy mantiene vivo el hecho de un crimen cometido en  un espacio.

Un  náufrago sumergido en la noche, en el laberinto de calles y esquinas, en ese cadáver seductor y amenazante de la ciudad que nos ahoga, nos sumerge, nos aplasta, nos hace naufragar.